Agus Morales: “Se puede llegar tarde y llegar mejor”

Santiago Gorgas

El libro No somos refugiados (Círculo de tiza, 2017) es el resultado de siete años de trabajo con las víctimas de la guerra y conflictos de refugiados. En él, Agus Morales se sumerge de lleno en la realidad para poder retratarla. Su experiencia como corresponsal en la Agencia EFE en la India y Paquistán y su amplia visión del panorama internacional motivan el cuestionamiento sobre el tipo de periodismo al que aspira.

Sin negar la importancia de las agencias de noticias, decide apostar por un relato más pausado, profundo y con la capacidad de perdurar. En el año 2015 funda, junto con un grupo de periodistas y fotógrafos, 5W, una revista de periodismo narrativo y fotografía que en pocos años se ha consolidado como un referente periodístico que ofrece cobertura de África, América, Asia, Europa y Oriente Medio.

Con la llegada de la pandemia, deciden abordar lo que tantos otros medios abordan pero siendo fieles a su estilo. No tienen tanto tiempo para dejar reposar las piezas y, sin embargo, comprueban que pueden seguir haciendo el periodismo que les caracteriza. Al igual que muchas de las historias reunidas en No somos refugiados, la pausa no tiene que ver con el tiempo sino con la capacidad de fijar la mirada y escuchar con los oídos bien abiertos. 

Agus Morales junto a Martín Caparrós en el CCCB. Foto: Jordi Pacheco

¿La tesis doctoral que realizaste sobre Tagore dejó reminiscencias en tu forma de hacer periodismo?

Llegué a Tagore porque hice una tesina sobre Juan Ramón Jiménez y uno me llevó al otro. Aquello coincidió con la noticia que me iba a la India con la agencia EFE y sentí que se alineaban los astros. Entonces decidí estudiar su obra y hacer una tesis doctoral. Más que influenciado, siempre ha estado en mí ese ánimo local y universal que tiene Tagore. Creo que en muy pocos sitios hay ese encuentro entre oriente y occidente que se da en la India. Si te vas a un mercado del libro en Calcuta te encuentres obras de Tolstoi, de Neruda y de Tagore u otros autores indios.

Quizás el intelectual que mejor representa ese encuentro es Tagore. De hecho, es el único escritor indio que ha ganado un premio Nobel de Literatura. Además de una forma curiosa, ya que las traducciones que él mismo hacía eran paráfrasis; según sus propias palabras no podía trasladar al inglés toda la complejidad con la que escribía en bengalí. Aun así, supo dejar muchas cosas para la cultura bengalí, para la cultura india y para la cultura universal. Esa forma de ver el mundo me arrimó a la tesis de literatura comparada. También llegué a la literatura comparada porque hago periodismo y porque el periodismo que hago es internacional.

En el libro El viejo periodismo (Voces 5W) comentas que desde el principio de tu carrera tenías claro que serías periodista internacional, para poder huir de todo, incluso de ti mismo. ¿La literatura y el periodismo son mecanismos de escape?

Creo que son mecanismos de huida y de encuentro a la vez. Cuando eres pequeño no diferencias entre realidad y ficción. Desde niño me gustaba escribir y no hacía distinción. Me dijeron que el periodista era el que escribía, por eso se me metió en la cabeza que quería hacer periodismo, pero podría haber hecho filología. Luego hice la tesis en literatura comparada. En mi ejercicio periodístico soy riguroso y no me tomo ninguna licencia, pero intento incorporar todos los mecanismos que ofrece la literatura para contar historias reales. Luego, cuando escribo ficciones, también incorporo elementos que robo del periodismo. Los diálogos son consustanciales a ambos géneros. La frontera en muchos sentidos es fluida. Personalmente me siento cómodo en ambos territorios.

En el mismo libro haces referencia a la aspiración a que el periodismo perdure como lo hace la literatura. Roberto Bolaño insistía con la idea de la absurdidad de los escritores que intentan trascender. Decía que en dos siglos nadie se acordaría de un escritor chileno más o menos digno que vivió en el comienzo de la Costa Brava. 

Uno de los propósitos de 5W era que el periodismo, más que trascender, permaneciera. Cuando trabajé en la agencia EFE veía como mi trabajo se diluía de forma casi inmediata. El trabajo de las agencias es imprescindible, sobre todo para noticias de última hora. Sin embargo, es un trabajo que no permanece. Por eso en 5W tenemos esa voluntad de que una crónica no muera al día siguiente. Independientemente de la cantidad de lectores, que se pueda leer mañana, pasado mañana o de aquí a un año. En 2016 publicamos nuestro primer número en papel y allí hay crónicas que todavía son vigentes.

En cuanto a Roberto Bolaño, él sí que ha permanecido y lo que le queda. Es cierto tanto algunos escritores como periodistas tienen ínfulas de grandeza y que pretenden transcender en la escuela literaria. Por otra parte, creo que toda persona que escribe, ya sea poesía, ficción o ensayo tiene esa voluntad de que lo que escribe trascienda o simplemente que vaya más allá. Escribir nace de una necesidad interna y cuando lo haces es porque quieres contar algo que piensas que es importante contar.

«En mi ejercicio periodístico soy riguroso y no me tomo ninguna licencia, pero intento incorporar todos los mecanismos que ofrece la literatura para contar historias reales. Luego, cuando escribo ficciones, también incorporo elementos que robo del periodismo«

En un momento en el que la agenda mediática impone la inmediatez de la información, pareciera una frivolidad abordar determinados temas. En tu función de editor: ¿cómo determinas cuáles son los temas más oportunos? 

Hay muchas cosas que son simplemente de olfato, te dejas guiar mucho por tu intuición. Hay una similitud entre el editor de una revista periodística y el editor literario. El editor literario te dirá que hay temas que quiere tratar, que hay determinados autores o autoras que le interesan más, o que algunos venden más y otros menos y que tiene que haber un equilibrio. Yo también busco esos equilibrios, a veces geográfico o temáticos. En 5W tenemos siete, ocho o nueve temas que son importantes para la revista y evidentemente que a esos le prestamos más atención. Pero, al final, una buena historia es una buena historia. Si nos llega a la revista un tema que no estamos tratando y nos interesa: lo publicamos.

Como editor de 5W, para mi no es tan importante la actualidad, aunque a veces tratamos temas que tienen que ver con ella. Lo que importa, sobre todo, es que se trate siempre de historia que tengan pulso narrativo, que nos gusten, y que pensemos que son interesantes para el lector. También hay cosas más concretas, como quién lo escribe o qué relación tienes con el periodista. Si bien es cierto que tenemos colaboradores y colaboradoras habituales, a veces alguien que no conocemos nos envía algo, nos gusta y lo publicamos. Hay muchos criterios. Cuando lees el comienzo de una historia o el planteamiento (si es de una propuesta) y te gusta, esa primera sensación es muy importante a la hora de decidir.

El relato del miedo que nos trajo la pandemia es utilizado como herramienta de manipulación. Una persona con miedo es altamente vulnerable. ¿Cómo combate el periodismo ese discurso sin dejar de ser objetivo? 

Sobre todo, al principio de la pandemia era un momento de miedo en el que salía a relucir nuestro instinto de supervivencia. Eso no solo se veía a nivel social sino a nivel periodístico. En ese momento el periodismo tiene una responsabilidad muy grande y debe saber reaccionar. En este aspecto, creo que el periodismo, como la política y otros ámbitos, ha fracasado durante la pandemia. En muchos sentidos nos ha venido grande, aunque también hay que decir que se han hecho coberturas muy buenas.

En el momento de miedo debe haber una reacción rápida que no se deje llevar por las circunstancias ni se convierta en altavoz del poder. Hablando en términos genéricos, aunque también aplicable a la pandemia, hay una segunda fase de ansiedad. Una etapa en la cual la amenaza no es inmediata y comienza a crecer la sensación de frustración en la gente. Se genera un clima en el que los populismos se intentan aprovechar. Esta etapa es aún más difícil para el periodismo. En un primer momento debes reaccionar, pero luego debes construir y no siempre es fácil en ese clima.

Hace falta creatividad, atrevernos a hacer cosas diferentes y sobre ser capaces de sostener las ideas en el tiempo. En muchos medios encontramos un reportaje que es muy bueno, pero está en medio de otros tantos mensajes que hablan desde el miedo o la ansiedad. En reto más difícil para los medios es seguir una línea y tener la constancia necesaria para mantenerla.

En la presentación de El viejo periodismo comentaste que la clasificación de periodismo narrativo es un pleonasmo.

Sí, es un pleonasmo. El periodismo narra cosas y por tanto no necesita ese adjetivo En esta afirmación hay un poco de autocrítica. Yo uso esa expresión, también hablo de crónica o de periodismo literario. No estoy renegando de ese género. Principalmente era una reflexión hacha a raíz de un comentario de [Martín] Caparrós que hablaba sobre periodismo de investigación cuando el periodismo siempre investiga.

Es verdad que hay una nebulosa de términos (es curioso que haya tantos para referirse a un género) y que haya mucha gente no tenga muy claro lo que es. Hasta el punto de que una de sus etiquetas más asentadas es una negación: la no ficción. Lo que para mí es importante es que debajo de ese marbete se encuentra la forma más pura del periodismo. Allí están todos los géneros periodísticos. Villoro decía que la crónica es el género ornitorrinco, ya que se parece a distintos animales, pero no es ninguno de ellos. A tener tantos registros parece que se resista a ser designado.

Ahí está, no sabremos cómo llamarlo, pero lo seguiremos haciendo.  

«Creo que toda persona que escribe, ya sea poesía, ficción o ensayo tiene esa voluntad de que lo que escribe trascienda o simplemente que vaya más allá. Escribir nace de una necesidad interna y cuando lo haces es porque quieres contar algo que piensas que es importante contar»

El cronista va en contra de las urgencias: llega «tarde», necesita más tiempo. ¿Cómo encaja en un sistema que aboga por todo lo contrario? En 5W podéis estar orgullosos de ser un medio minoritario que puede subsistir. Pero también existe la aspiración de llegar al otro, al que piensa de otra manera y al que necesita unas palabras que lo confronten y lo hagan reflexionar.

A veces lo de llegar tarde es relativo, se puede llegar tarde y mejor, o intentar llegar mejor. Muchas de las historias que hemos hecho en 5W han ido en esa línea. Este año, con la pandemia hemos descubierto que es posible hacer un periodismo que pese a la urgencia sigue siendo narrativo. Aunque no podíamos dejar reposar un texto cuatro o cinco meses, desde la pura actualidad seguíamos haciendo periodismo narrativo. Lo pudimos hacer desde nuestro humilde rincón. Y precisamente en esos meses de cobertura llegaron muchos suscriptores nuevos a la revista. Un público al cual normalmente no llegamos y que apreciaba nuestra forma de mirar aquello de lo que todo el mundo estaba hablando.

La situación nos generaba respeto. Todo el mundo estaba hablando de eso y nos preguntábamos que podíamos aportar nosotros. Esa fue la confirmación de que debíamos seguir hablando de lo que creíamos que era importante. Algunas veces hablaremos sobre Nagorno Karabaj o sobre Baluchistán y otras veces nos tocará hablar de lo que pasa frente a nuestra casa. Precisamente Martín Caparros y Ander Izaguirre nos llamaban la atención porque nos fijábamos en lo que estaba lejos y no en lo que estaba cerca. De forma natural llegamos a la conclusión que hay momentos para todo. Y en la medida de lo posible hay que buscar un equilibro. Llegar a lectores que no son los habituales es un reto interesante.

El periodismo pausado tiene la necesidad de dar al lector herramientas para pensar e interpretar la realidad. ¿El periodismo tiene que ser combativo? ¿Se puede conseguir una mirada propia sin un posicionamiento ideológico?  

El periodismo te tiene que hacer pensar. Dice Octavio Paz que el poema es un organismo verbal productor de silencio. En cada silencio, piensas o sientes. Creo que el periodismo narrativo tiene que ser ese organismo verbal productor de silencios. Silencios que te hagan pensar.

Sobre si debe ser combativo: pienso que sí. Tal como comenta Caparros en El viejo periodismo, se corre el riesgo de que la crónica se quede en algo bonito y no golpee. Como periodistas tenemos ideologías. Cada medio tiene su ideología. Intentar negar eso es absurdo. Otra cosa es hacer periodismo de bandera. Un ejemplo concreto. Yo he cubierto mucho el tema de las migraciones. Cuando yo voy a campos de refugiados y veo a la gente sufrir, no puedo dejar de generar una opinión sobre lo que deben hacer los gobiernos con esas personas.

También tengo mi opinión sobre cómo está lidiando Europa con este asunto. Sin embargo, lo que no puedo hacer es favoreces mi idea. Si yo veo, por ejemplo —y esto ocurre— una pelea entre un grupo de albanos y de sirios, y no la incluyo en mi relato le quito pluralidad y complejidad a lo que quiero contar. Esas son las líneas rojas. En una conversación reciente con Leila Guerriero hablábamos de la imposibilidad de ir a cubrir una noticia sabiendo de antemano lo que vas a escribir. Tu ideología no puede construir de antemano lo que vas a contar. Para mí, esa es la línea roja.

Pablo Suanzes, cofundador de 5W, afirma que a una parte del público le interesa el reportaje en Siria bajo las bombas, los ataques de Boko Haram en el lago Chad o un barco de rescate en el Mediterráneo, pero a la mayoría de las personas les aburre soberanamente la historia de la cumbre europea en la cual se decide el futuro de centenares de miles de refugiados. ¿Cómo se consigue que estos temas sean atractivos para el lector? 

Eso es lo que hace muy bien Pablo Suanzes. Creo que su principal arma es ser didáctico y saber contar cosas muy complejas en poco espacio. Y eso es porque tiene un dominio absoluto de lo que pasa en Bruselas y de la historia de Europa. Es un gran lector, como pocos he conocido. Sobre todo, lo que consigue Pablo es que el lector comprenda que aquello tan aburrido que sucede en Bruselas tiene un efecto o un impacto directo en sus vidas.

¿Por qué aburren los detalles de las vidas cotidianas? ¿La gente busca una excepcionalidad algo que la aleje de su propia rutina?

Muchas veces nos rebanamos los sesos para encontrar una historia que entre todas las historias extraordinarias sea la más extraordinaria. Y hay un momento en el cual el lector sobrepasado por todo esto. Creo que está bien recuperar la mística de lo ordinario. Eso tiene relación con lo que comentábamos de Suanzes. El exotismo ejerce una atracción. A veces es difícil renunciar a ello y ponerte a hablar sobre cosas más cercanas. En mi caso tengo la suerte poder elegir y me muevo por el olfato y por lo que tengo ganas de hacer y no por la cercanía o lejanía de los hechos.

¿Crees que hay una mirada paternalista en la forma de hacer periodismo contemporáneo? Que se intenta dar demasiado masticado un tema porque se piensa que el lector no lo va a entender. 

Sí, muchas veces trata al lector de tonto, creyendo que no va a entender o que no está preparado para leer sobre algún tema. Es una visión absolutamente paternalista, lamentable. Espero nunca haber cometido ese error, aunque es posible que lo haya hecho. Pienso que es tener muy poca confianza en el lector cuando precisamente la misión principal que tenemos en estos tiempos es la de recuperar esa confianza entre el lector y el periodista.

Por otro lado, a veces pasa —a mí me ha pasado como corresponsal en la India o Paquistán— que de estar tan imbuidos en un sitio lo que sucede a nuestro alrededor produce un efecto burbuja y, sin darnose cuenta, ofrecemos una información que desde fuera es difícil de descifrar. Nos pasa mucho a los corresponsales. Por eso es importante la labor del editor o alguien que no tenga idea del tema y, desde fuera, te haga ver que aquello es un universo cerrado al que el lector no puede entrar.

Eso que se dice tantas veces, de encontrar lo universal en lo local, no es tan fácil. En esos puntos hay que buscar la conexión con el lector. No se pueden dar cosas por sentadas. Como que el lector sepa que en tal año se firmó un acuerdo de paz entre dos países. Hay que ser generoso en poner en contexto al lector. Siempre desde el respeto hacia la persona que te está leyendo. Si además se escribe largo, como a veces hacemos, hay que entender que el lector está haciendo un esfuerzo.

«A veces, de estar tan imbuidos en un sitio, lo que ocurre a nuestro alrededor produce un efecto burbuja y, sin darnos cuenta, ofrecemos una información difícil de descifrar desde fuera. Nos pasa mucho a los corresponsales. Por eso es importante la labor del editor o alguien que no tenga idea del tema y, desde fuera, te haga ver que aquello es un universo cerrado al que el lector no puede entrar»

Martín Caparros ha marcado un estilo que dentro del periodismo se ha copiado bastante. Tu admites ser una de esas personas que copian su forma de apostillar los diálogos. Al final, vamos cogiendo de aquí y de allá para acabar encontrando un estilo propio. ¿Qué es para ti el estilo?

Lo de copiar lo hacemos tanto consciente e inconsciente. Creo que en el estilo confluyen muchas cosas. Cuando vas madurando, tanto las vivencias como las lecturas cristalizan en algo que se tiende a llamar estilo. Yo lo entiendo así. Aunque tengo algunas dudas sobre el uso que se le da a la palabra estilo. Hay una especie de oda a la singularidad.

La palabra talento es otra de las que me cuesta. Cada vez más se escucha que los periodistas tienen que ser una marca y no estoy de acuerdo. Creo que el periodista debe tener una voz propia. El estilo se relaciona con esa voz. Al final, la materia prima es copiar o robar y con ello crear algo nuevo y diferente a la vez.

Leila Guerreiro dice que el reporteo es lo más importante para un buen periodismo. Entre una historia bien narrada y una historia bien reporteada se queda con la segunda. Sin embargo, una buena narración es clave para conmover al lector.

Sin comida no se puede cocinar. Sin lo esencial no se puede trabajar. Y en el periodismo lo esencial es el reporteo. Hay personas que reportean muy bien y aunque no escriban tan bien, si trabajan muy duro o cuentan con la ayuda de editores pueden hacer un buen reportaje o libro. Al revés, me parece más difícil. Primero el reporteo y después saber cómo contarlo. Son dos cosas complementarias. Hablamos de dos cosas que son el centro del periodismo y ambas tienen que estar. 

En No somos refugiados explicas que llegas a un campo de refugiados en busca de algo, pero luego te das cuenta que la historia la tienes frente a tu nariz. ¿Cómo se entrena la mirada?

Como decíamos antes, si vas con un objetivo concreto y la historia escrita desde casa, no te das cuenta que la historia es otra y que además está delante de ti. Creo que hay que intentar mantener intacta la capacidad de sorpresa. Si nos pensamos que lo sabemos todo, y no nos sorprendemos, este es un oficio complicado. Por mucho que conozcas el tema o creas que lo sabes todo, pierdes la capacidad parar detectar la historia. Se puede entrenar, pero sobre todo es algo que hay que saber mantener vivo. Y eso está relacionado con la pasión con que se ejerce el oficio. Si no te motiva lo que haces, es posible que caigas en automatismos o lugares comunes. En cambio, si estás atento y alerta como un felino será más fácil percibir lo que te rodea y escribirlo.

Dices que tu forma de trabajar es hacer poco con mucho. Tomas muchas notas y grabas y luego el 60 por ciento de lo que tienes no lo usas. ¿Cómo son esas notas?

Básicamente lo que hago, es una especie de diario sobres mis días de cobertura. Allí escribo lo que pienso sobre el tema que estoy reporteando. Un diario en el cual se mezclan los pensamientos, lo que he comido ese día, las entrevistas que he hecho, a veces las lecturas o citas. Todo eso va creciendo y es lo que uso de base para escribir un reportaje, una crónica o un libro. Yo necesito tener mucho material para escribir. Hay gente que tiene la capacidad de hacer mucho con poco, a mí me pasa lo contrario. A veces tanto material te pude generar un problema, y desorientarte o marearte. Pero yo prefiero tener el derecho a marearme y elegir a no tenerlo. Prefiero tener cinco días de entrevista a una persona, aunque solo use lo que hable con ella un solo día. Prefiero estar en esa situación a tener que contar una historia de una persona con la que solo hablé un día.

«Llevo una especie de diario sobres mis días de cobertura. Allí escribo lo que pienso sobre el tema que estoy reporteando. Un diario en el cual se mezclan los pensamientos, lo que he comido ese día, las entrevistas que he hecho, a veces las lecturas o citas. Todo eso va creciendo y es lo que uso de base para escribir un reportaje, una crónica o un libro»

Después del reporteo. ¿Cómo comienza tu proceso de escritura?

A mi lo que me pasa es que comienzo a escribir cuando estoy caminando o cuando estoy hablando con alguien. El proceso de escritura no empieza cuando me siento frente al ordenador sino antes. Creo que soy un escritor de sensaciones y de imágenes, más que de ideas. En ese proceso de escritura, aunque alguien pueda llamarlo preescritura, se va conformando el clima. Un clima formado de conversaciones, de lecturas, de conceptos, de sonidos y, a veces, de olores. Todo eso es lo que intento reunir para definir hacia dónde estoy yendo.

Durante la pandemia, por poner un ejemplo, en 5W hicimos la crónica Con las puras manos. Allí vi que me estaba moviendo por un clima de infinito trabajo: en las UCI, en los hospitales, en los sanatorios. Ese clima fue el que intenté trasladar. Un clima en el que confluyen lecturas, sensaciones e ideas sobre ese tema. Luego, claro, hay comienzos y esquemas.

Cuando hablabas de encontrar un clima para cada obra o artículo, me vinieron a la mente las novelas de Murakami que están atravesadas por la música. ¿Cómo encuentras tú el clima?

Yo me identifico con Stéphane Mallarmé que se consideraba como un vehículo para la poesía, que la poesía se expresaba a través de él. Yo lo que intento es desaparecer y hacer que la realidad entre en mí, especialmente si hablamos no ficción. No diría anularme, pero sí dejarme penetrar por la realidad, ver lo que hay y escribirlo. Este es el método que intento usar.

Decía el cubano Pedro Juan Gutiérrez que un escritor está obligado a bajar al infierno, enfrentar los monstruos y, después, escribir y arrastrar a los lectores. La escritura es un oficio peligroso.

Pienso que tiene que haber valentía a la hora de contar lo que ves. No sé si lo llamaría bajar infiernos, aunque llegar al fondo de la cuestión requiere valentía. Al final, la literatura nace de una necesidad interna que es inaplazable. Estoy un poco en contra le malditismo que hay entorno a la escritura, concretamente en torno a la literatura y la poesía. El personaje devora lo que escribe y hace que sea más interesante el mito que se crea alrededor del poeta maldito que no lo que éste escribió. Personalmente eso no me interesa. Igual que el periodismo, si el escritor se transforma en el centro del relato se vuelve algo muy aburrido y lo único que hace es repercutir en el aura del autor. No me siento identificado con esa forma de escribir o de concebir la literatura. Entiendo la idea de una escritura valiente, pero no acabo de ver clara la postura del escritor como víctima. Para mi la literatura es un placer.

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