En el lugar del crimen

Jordi Pacheco

La irrupción en EEUU del Nuevo Periodismo en los años 1960 hizo creer erróneamente a muchos que la novela de no ficción es una invención propiamente norteamericana. Sin embargo, el género tiene su origen mucho antes del boom periodístico-literario encabezado, entre otros, por Tom Wolfe, Truman Capote. Ya en los siglos XIX y XX, la literatura americana y europea dieron grandes obras de no ficción de la mano de Herman Melville, Charles Dickens, Josep Pla, Colombine o Rodolfo Walsh. No obstante, a Capote, Wolfe y compañía hay que reconocerles el mérito de haber creado una marca y, sobre todo, un público. Porque, tal como afirma el escritor Jorge Carrión, “el ‘Nuevo Periodismo’ fue una operación histórica, para vender como nuevo algo con una larga tradición”.

A Sangre fría, de Capote, fue mi puerta de entrada a la no ficción periodística. De esta obra recuerdo, sobre todo, el inicio, con esa sublime descripción de Holcomb, pueblo situado en “las elevadas llanuras del oeste de Kansas, una zona solitaria que otros habitantes de Kansas llaman ‘allá’”. Cuatro párrafos bastan a Capote para situarnos magistralmente en la región donde tuvo lugar el cuádruple asesinato acabó con las vidas de la familia Clutter un 15 de noviembre de 1959.

La casa de los Clutter, en Holcomb. Foto: Lori Shaull – Flickr

Conmocionado por la brutalidad del crimen, Capote viajó hasta Holcomb como reportero para la revista The New Yorker. Se introdujo en la vida de aquel pueblo de la Norteamérica profunda ganándose la confianza de sus gentes y hasta la de uno de los asesinos, Perry Smith. Siguió el proceso judicial, y lo que inicialmente iba a ser un reportaje, se acabó convirtiendo en un libro, publicado seis años más tarde tras la muerte de Smith y Dick Hickock —el otro acusado— en el cadalso. Desde entonces, Capote fue conocido como el padre de la novela de no ficción. Sin embargo, su modus operandi ya había sido puesto en práctica por otros mucho antes. En la literatura española de los años 1930, por ejemplo, existe una obra cuyas circunstancias guardan un gran parecido con la de Capote. La escribió Ramón J. Sender y lleva por título Viaje a la aldea del crimen

El viaje de Ramón J. Sender

En enero de 1933 se produjeron en diversos lugares de la geografía española una serie de revueltas protagonizadas por grupos anarquistas. Una de ellas tuvo lugar en la aldea de Casas Viejas, Cádiz. Allí un grupo de campesinos sindicalistas quiso instaurar el “comunismo libertario” y poner fin al hambre endémico que asolaba a buena parte de la población andaluza. Sin embargo, aquella insurrección pacífica liderada por un jornalero septuagenario apodado Seisdedos fue aplastada con gran dureza por la Guardia Civil y la Guardia de Asalto (cuerpo de seguridad creado por la República), que asesinaron sin piedad a una veintena de campesinos, entre ellos Seisdedos y parte de su familia.

Lo sucedido en Casas Viejas fue un crimen mayúsculo. La respuesta de las fuerzas de seguridad a la sublevación pacífica no sólo resultó ser completamente desproporcionada, sino que se convirtió en una matanza indiscriminada. A fin de cuentas, como señaló el cineasta Ricardo Muñoz Suay, la revuelta en la pequeña aldea gaditana no fue más que el producto de la ingenuidad y la desesperación de un grupo de hambrientos que creyeron que con su rebeldía iniciaban no sólo la revolución social sino la implantación del comunismo libertario en España

La insurrección en Casas Viejas fue aplastada con dureza. Foto: Juanky Pamies – Flickr

Pocos días después del trágico acontecimiento, Ramón J. Sender se desplazó hasta Casas Viejas para indagar sobre el caso, reconstruir los hechos y presentarlos en una serie de crónicas publicadas en el diario anarquista La libertad. Un año después, tras las investigaciones judiciales y los informes de la comisión parlamentaria, Sender amplió las crónicas y les dio forma de libro. Viaje a la aldea del crimen es, además del estremecedor relato de un crimen brutal, una obra imprescindible para acercarse a un periodo de la historia marcado por la problemática insostenible que acabó por desembocar en la Guerra Civil. La técnica empleada por Sender para dar cobertura a aquellos hechos se pondría de moda cuatro décadas más tarde con el crimen de Holcomb narrado por Capote. 

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