Isabel Cadenas Cañón: “Los podcasts de no ficción narrativa tienen la virtud de llevarte de la mano”

Santiago Gorgas

La lluvia caía sobre la grabadora que Isabel dejó encendida en su balcón para captar el sonido ambiente de los días de confinamiento. De no haber sido por la voz que explicaba que se la había dejado olvidada encendida dentro de una maceta, aquellos golpes suaves y discontinuos hubiesen sido imperceptible. La voz que contenía el relato de las sensaciones que muchos experimentamos durante la cuarentena. Las palabras nos guiaron por la representación de aquella ciudad vacía, pero fue el sonido el que desencadenó la tridimensionalidad de la escena y nos transportó a aquellos días de lluvia. Fue el silencio el que nos permitió escuchar la lluvia, un silencio que engloba un silencio mayor. Isabel Cadenas Cañón es la creadora del podcast De eso no se habla, un espacio donde aborda los silencios que nacen del miedo. Historias que permanecen y que a día de hoy siguen salpicadas por la mentalidad represora que hemos heredado.

Isabel Cadenas Cañón

En los primeros capítulos del podcast habéis puesto el foco en historias cercanas, como por ejemplo el que dedicáis a Las once de Basauri‘, tu pueblo. ¿Consideras que como periodistas nos cuesta a veces fijar el radar en temas pequeños y cercanos?

No lo creo así. Actualmente hay muchos periodistas que están poniendo su mirada en las historias pequeñas. Y me vienen a la mente el trabajo de personas como Olga Rodríguez, Analía Plaza, Anna Pacheco; entre otras. Creo que en este momento el periodismo español sí que está haciendo muchas historias de cercanía.

¿Cuál es la ventaja que tiene el podcast frente al periodismo escrito a la hora de hacer no ficción narrativa?

Personalmente creo mucho en el periodismo literario y soy de leer artículos largos, pero es verdad que en España hay muy pocos medios donde publicar artículos en profundidad. Supongo que escuchar nos cuesta menos que leer. Los podcasts de no ficción narrativa tienen la virtud de llevarte de la mano. Quizás, esa primera persona que en el papel es unidimensional, de repente en el audio se vuelve bidimensional. Como una voz que te acompaña y te guía por el relato. A todos nos gusta que nos cuenten historias y más si lo hacen al oído.

¿Por qué escogisteis el género de no ficción?

Yo siempre he trabajado en este género, incluso antes de saber lo que era. Nunca me consideré periodista, pero me di cuenta que todo lo que escuchaba y lo que leía era crónica. Tanto en español como en inglés. Para mí era muy evidente que iba a ser no ficción narrativa. Yo trabajo siempre con la realidad, está claro.

Los silencios individuales y los silencios colectivos, lo privado y lo público. El proyecto está atravesado por una visión de género. ¿Cuál considera que es el aporte de esta visión al periodismo?

Soy feminista y tengo una visión de género, pero no creo que lo privado y lo público sea estrictamente feminista. Hay mucha gente que lo está trabajando, y ojalá fuesen todos feministas. En España hay muchos silencios, desde los grandes silencios relacionados con el pasado que tenemos en este país. Mi idea era aportar una mirada de lo individual a lo colectivo, no una mirada de género sino la mirada de que lo individual es colectivo. Que por supuesto es algo que podemos atribuir al feminismo, pero no solo.

«Trabajo siempre con la realidad. Nunca me consideré periodista, pero me di cuenta que todo lo que escuchaba y lo que leía, tanto en español como en inglés, era crónica»

¿Cuál es el origen de los silencios en España?

Creo que hay muchos, pero uno de los orígenes contemporáneos más fuertes se vincula con que somos un país muy católico y lleno de apariencias. La Guerra Civil y la dictadura marcaron un silencio de cuarenta años que desde luego. Cuando yo estaba en Estados Unidos y explicaba este podcast la gente pensaba que hablaríamos de tabúes. Y en España los silencios no son tabúes. En España la mayoría de silencios nacen del miedo que heredamos de nuestros padres y abuelos. Haber nacido y crecido determinados a ser grises para evitar el peligro.  

El episodio especial llamado ‘Silencio de radio’ habla del tema de las leyes que regulan los silencios y por tanto el ruido es una cuestión de poder.

Sí, eso lo dice Murray Schaffer cuando remarca que en cada sociedad hay un ruido más alto que el otro y que ese ruido es la expresión del poder. Dice que desde que nació el mundo había los ruidos que venían de Dios, que eran los ruidos permitidos. Después, con la edad media llegan los ruidos de la religión que pueden ser las campanas de las iglesias. Con la era industrial fueron los trenes y las máquinas los que se permitieron imponer sus ruidos. En este momento el capitalismo más feroz produce sus propios ruidos como símbolo de poder. En mi calle, por ejemplo, el camión de la basura o los carritos de compra de un supermercado son ruidos permitidos como parte del capitalismo líquido que lo impregna todo. 

¿Cuáles son los temas que más te atraen?

Sin buscarlo, me pasa que todos los temas que abordo acaban en la Transición. Es el punto donde nació nuestro silencio. Se acabó la dictadura y nos dijeron que ahora había que mirar hacia adelante. Siempre he trabajado sobre el tema de la memoria y la ausencia. Me interesa mucho el tema de qué hacemos con el pasado. Y es una pregunta principal que atraviesa todo mi trabajo.

En este momento el covid-19 acapara toda la atención mediática. ¿Hasta qué punto la realidad empaña la visión del horizonte?

Yo tengo la sensación que el periodismo español, en este momento, no habla de nada. Las primeras planas están ocupadas por una serie de estadísticas. Por poner un ejemplo, la cantidad de muertos diarios se ha transformado en una cifra que no conmueve. Cuando leo la prensa francesa o el New York Times compruebo que no se centran en el coronavirus. En España reinan unas estructuras de poder muy definidas y es difícil salirse de ellas. Al periodismo independiente, que lo intenta, le cuesta sobrevivir. Es una pena pero es el periodismo que tenemos.

«Sin buscarlo, me pasa que todos los temas que abordo acaban en la Transición. Es el punto donde nació nuestro silencio. Se acabó la dictadura y nos dijeron que ahora había que mirar hacia adelante»

¿Se relaciona con la agenda mediática?

Sí, la agenda mediática define los temas que le interesa y los que no. Pero también está el tema de que es más fácil no generar contenidos. Pienso que a la televisión le resulta más sencillo organizar una tertulia de debate que hacer un reportaje o una crónica en la que hay que investigar. Los medios importantes no apuestan por hacer las cosas de manera diferente. En la radio, en este momento, son los proyectos independientes los que están dando la información de una manera diferente. Y luego hay medios escritos independientes como Ctxt, 5W, La Marea, Pikara y muchos proyectos que hacen otro tipo de periodismo pero que no tienen dinero.

¿Dónde radica el poder de la primera persona en el periodismo literario?

En la honestidad. La idea de la no objetividad, que viene a impugnar esa idea que nos han dado, de que hay una verdad que debe ser revelada. Creo que esto sí es una postura feminista. Donna Haraway dice que la mirada objetiva es aquella que no está en ningún lugar, y cuando algo no está en ningún lugar no se le puede pedir explicaciones. Me volqué en la primera persona porque no quería ser neutral. Me di cuenta que la escritura que me interesa, está manchada, es imperfecta y nace de reconocerse en un lugar. Lo que no se reconoce en un lugar no me interesa, porque no me parece honesto. Chris Marker decía que la primera persona no era un signo de arrogancia sino de humildad. Una manera de decir: aquí estoy y esto es lo que pienso, no tengo más verdad que la mía. Me reconozco plenamente en esta postura.

Sin embargo, la primera persona también tiende a alimentar egos.

Para mí, tiene que ver más con la subjetividad que con la persona que se utiliza. También hay terceras personas ególatras. Cuando leo a Leila Guerriero, o a María Moreno lo que me interesa es desde dónde miran. Ahora mismo si quieres leer una noticia te vas a la agencia EFE o a New York Times. No sé por qué en España no se hace más este tipo de periodismo. Por otro lado, entiendo que una primera persona no puede opacar la historia.

¿Cómo entiendes la no ficción periodística?

No me considero periodista porque no estudié periodismo. De hecho, todas las cosas que hago nacen de una gran inseguridad y dudas acerca del oficio. Me inquieta la sensación de no saber contar historias porque no me lo han enseñado. Esta inseguridad tiene que ver con la sensación de pensar que hay una manera correcta de hacerlo. Al final la incertidumbre me ayuda a buscar formas diferentes de periodismo. Esta carrera se hace, uno observa y busca fuentes.

«Me inquieta la sensación de no saber contar historias porque no me lo han enseñado. Esta inseguridad tiene que ver con la sensación de pensar que hay una manera correcta de hacerlo. Al final la incertidumbre me ayuda a buscar formas diferentes de periodismo»

¿Cómo se distingue el periodismo escrito con el sonoro?

El formato es diferente, pero las historias pueden ser las mismas. El lenguaje sonoro tiende a ser más plano y simplificado. El oyente del audio muchas veces está escuchando mientras prepara la cena o va al trabajo. Uno debe ser muy consciente de eso. La escritura, para el formato de audio, tiene que ser más simple ya que las palabras se integran a la realidad sin necesidad de traducción alguna.

¿Es, o debería ser, la ficción un elemento extraño al discurso periodístico?

Sí. Cuando haces no-ficción, estableces un pacto con tu lector. Si fueses un escritor de novelas tendrías la licencia de hacerlo. Pero si eres un periodista no. En mi caso, me sentiré engañada si me entero que alguno de los periodistas a los que sigo inventó algo que no sucedió, aunque esto sea en son de una verdad mayor. El periodismo, en general, es un trabajo en el que la ética es la primera materia. Todo periodista traduce una realidad para poder contarla en el formato y con los medios que tiene, por tanto hay una manipulación. Sin embargo, hay unos límites claros.

La literatura suele ofrecer segundas lecturas o aquello que se ha llamado una lectura entre líneas. ¿El hecho de hablar de aquello que no se habla revela otro silencio dentro del silencio?

Sí, eso pasa. Con cada historia pasa una cosa inesperada. El podcast que estoy haciendo ahora no se termina porque cada semana salen cosas nuevas. Cuando abres algo no sabes lo que puede pasar. Algo que ha estado oculto es como un fantasma que viene de otro tiempo a tergiversar el presente. Cuando algo desgarrador emerge, el tiempo no puede volver a ser igual. Lo que pasa en este podcast, y nos pasa en general cuando hablamos, es que la realidad cambia. Aunque lo hace de manera imprevisible. Eso es lo impresionante de los silencios.

¿Cuál es la rutina para un perfecto día de escritura?

Yo ante todo soy escritora. Sin embargo, en este proceso de escritura de guión sufro muchísimo. Me levanto temprano con el móvil apagado, por supuesto. Yo escribo mejor por las mañanas. A vece leo algo que me ayude a coger el tono. Últimamente leo a Berger antes de ponerme a escribir. Para el podcast ‘Las 11 de Basauri’, me ayudaba a encontrar el tono y el estilo con 38 Estrellas [Josefina Licitra, 2018], el libro que cuenta la fuga más grande de la historia en una cárcel de mujeres en Montevideo. Escribir guiones no pasa exclusivamente por la búsqueda de un estilo, ya que el estilo en este caso se trabaja en el momento del montaje. Un día perfecto, para mí, es aquel en que me levanto y me paso cinco horas escribiendo, y todo avanza. Es difícil.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *